Conviene no confundir un ataque de asma, con una crisis de ansiedad o ataque de pánico. En alguna ocasión algunos familiares de pacientes han interpretado una crisis de ansiedad con un ataque de asma. El asma es crónico y por tanto ofrece una sintomatologia más frecuente en el tiempo como sonidos acompañantes en la respiración, mientras que una crisis de ansiedad es aislada y asociada a tensión emocional. En un ataque de asma se hacen evidentes las dificultades respiratorias, con presencia de tos y ruidos internos pulmonares.
Una crisis de ansiedad posee otros signos que la diferencian de un ataque de asma, como el agarrotamiento de brazos y manos ( quedando éstas en una posición parecida a la de las ardillas) y además hiperventilan ( inspiran y expiran aire con eficacia auto oxigenándose en exceso).
Un ataque de asma puede llevar asociado y/o estar desencadenado por ansiedad, pero en cualquier caso son alteraciones diferentes. La ansiedad empeora el ataque de asma.
Pensamientos negativos anticipatorios y concomitantes relacionados con las sensaciones que se están experimentando, originan emociones de miedo y angustia que a su vez, generan síntomas vegetativos como aumento de la tasa cardíaca y de la tasa respiratoria. Esta situación es nefasta para un asmático que tiene dificultades respiratorias reales, pues potencia las consecuencias.
La ansiedad en un ataque de asma, está originada por miedo. Controlar los pensamientos que originan la emoción de miedo, reducirá la ansiedad y el paciente experiementará de forma menos angustiosa el ataque de asma, aspecto con el que tendrá que aprender a convivir y vivir a pesar de él.
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